HISTORIA DE AMOR DE UN NÁUFRAGO
Algunas palabras sobre Javier Siquier
Cuando por fín subió a lo alto de la palmera para divisar qué había a lo lejos, supo instalar un foco para vislumbrar lo que hasta aquel momento le era invisible. Esa construcción le supuso invertir unos días y unas noches durante los que también regó el tronco que tenía entre las piernas. Agradeció tanto ese agua que creció y creció hasta poder doblarse lo suficiente como para acercarse al suelo. El suelo que divisó volvió a ser algo desconocido que despertó en él un nuevo interés. Lo degustó en necesarias dosis y regresó sin dudarlo a la casa de su tronco. A pesar de no haber llovido ese día, sonrió enamorado.
Existe un paralelismo curioso entre la persona y la obra de Javier Siquier (Palma, 1983). Más allá de pseudónimos icónico-textuales que han ido evolucionando en el tiempo (Oasey, Oadips, OA), el individuo XS refleja una dualidad dialéctica que también acusa su obra. Variados registros para una obra producto de un juego consciente de identidades. Oasey es un personaje reservado, decididamente distante e intensamente isleño cuando decide construirse en su necesario abandono de Cala Pi (Mallorca). Alguien con estrechos vínculos con lugares bañados de mar desde los cuales proyecta sus pinturas y sus proyectos urbanos. Un farero con una visión de grandes dioptrías que crece y crece en su rotación. Con su traje de ciudadano, Oasey se expande a sus anchas por las calles con diseños, grafismos y personajes para la ocasión. Eso mismo ocurre con sus pinturas bicromáticas (rojo y negro) sobre tela donde esos personajes aparecen grandes, planos, mudos e intimistas. Pero como XS, sin el uniforme de ciudadano potencian un trabajo paralelo más intimista sobre papeles y cartones menos narrativos, si cabe. Soportes otros donde le imaginamos vomitando otra parte también importante de su yo. Desde esa óptica, las pinturas de Javier Siquier resultan ciertamente viscerales y plásticas, coloristas y primitivas (sus series de acuarelas reflejan una narratividad orgánica donde ese náufrago dialoga desnudo con lo esencial). Tramas de tinta negra tatuadas sobre cartón que se superponen a libres pero controladas franjas de color. Estéticos paisajes aéreos y frontales donde el sol nace y se esconde repetidas veces y en lugares simultáneos. Islas soñadas y vividas desde una única mirada.
Jordi Pallarès, 2007